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La fiebre del mundial: que ruede el balón |
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By Mar Muñoz-Visoso
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Friday, 11 June 2010 |
Ocho años atrás, mi esposo se quejaba de que necesitábamos una nueva televisión. El viejo televisor con pantalla de 19 pulgadas que yo había traído conmigo unos años antes, comenzó misteriosamente a tener problemas justo cuando el Mundial de Korea/Japón 2002 apenas comenzaba. El drama se convirtió en comedia cuando también empezó a ponerse sus lentes para lectura, los cuales raramente usa, porque según él “no podía leer” los resultados.
Entre Amigos
Mar Muñoz-Visoso
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Por supuesto, un par de días después fuimos a la tienda y regresamos a casa con una pantalla de 32 pulgadas en marco plateado— todavía de las de monitor abultado, pues las de pantalla plana estaban fuera del alcance de la mayoría de los mortales. Durante las siguientes tres semanas no hubo nada más que ver en la tele. Pues bien, la fiebre del mundial llegó de nuevo y el hombre ya comenzó a dar lata de nuevo, aunque esta vez tendrá que conformarse con la televisión que tenemos.
El fútbol/soccer tiene algo especial. Es interesante ver como un fan
relativamente “poco practicante”, que sigue los resultados pero ve sólo
algunos partidos de vez en cuando, puede volverse un fanático tal cada
cuatro años. Y no está sólo. En un espíritu filial y de lealtades
compartidas, me acabo de enterar que la semana pasada le envió a su mamá
su playera tricolor oficial —para que ella pueda animar apropiadamente
al equipo mexicano—después de que ésta se quejara de que “a tu papá le
diste la suya pero a mí nunca me regalaste una”. Normalmente una mujer
recatada y dedicada a su familia, está lista ahora para los “gritos y
llantos” que acompañan al mundial, ¡tan emocionada que es difícil
reconocerla!
Mientras tanto, mi marido alberga la esperanza de
agenciarse la nueva edición de “la roja” (la camiseta oficial de España)
ya que pasaremos buena parte del mundial en la “madre patria”. Por
supuesto, los niños deben irle a Estados Unidos—ya los tiene
aleccionados—mientras que la mamá (una servidora), pragmática como es,
decidirá sobre la marcha a quien le va. Comprendí hace bastante tiempo
que no hay forma de escapar la fiebre mundialista a ambos lados del
Atlántico, así que más vale aprender a disfrutarla cada uno a su manera.
La
revista Time probablemente acertó cuando en su portada del 14 de junio
califica al fútbol como “el juego global”. Realmente lo es. Aunque aquí
se le llama soccer, el resto del mundo lo conoce como fútbol (o football
en inglés). Sus reglas simples y su accesibilidad hacen fácil que se
pueda jugar en cualquier lugar y casi por cualquier persona. Durante la
Copa Mundial, las tensiones nacionales se suavizan, los orgullos
nacionales emergen sin disimulos y, conforme los equipos van siendo
eliminados, las lealtades se transfieren: a veces al siguiente mejor
equipo en tu continente, a veces al equipo de tu jugador favorito.
Cualquier persona en Japón, Camerún o México, y cada vez más en Estados
Unidos, sabe exactamente quién son David Villa, Leo Messi, Cristiano
Ronaldo o Samuel Eto’o.
Incluso aquellos que odian el fútbol
conceden que no hay tiempo para aburrirse durante la Copa Mundial. El
espectáculo está en las gradas y afuera del estadio tanto como en el
campo de juego. Se trata de una gran oportunidad para demostrar tanto el
espíritu deportivo como la habilidad técnica y, para los seguidores, es
una ocasión para divertirse y disfrutar con gente de todas partes del
mundo. El mundial también es escenario propicio para testimonios de
impacto. FIFA, la agencia internacional que regula el fútbol, usará la
ocasión para promover el lema humanitario: “Un gol, la educación para
todos.” Pero hay otros ejemplos.
Numerosos jugadores hacen la
señal de la cruz al entrar al terreno de juego, pidiendo a Dios un buen
partido o cuando menos que no sufran lesiones importantes. Algunos
también apuntan al cielo o se santiguan cuando marcan un gol, bien para
dedicárselo a Dios o para dar gracias por el favor recibido. En algunos
casos es un movimiento calculado. En otros, una simple expresión de
agradecimiento demostrado públicamente. De cualquier manera, estos
gestos se convierten en poderosos testimonios que nos recuerdan que
también nosotros debemos ser agradecidos, y menos tímidos al expresar
nuestra fe.
Por cierto, hablando de esto, conozco a unos cuantos
párrocos, ellos mismos forofos del fútbol, que estarán rezando para que
durante la fiebre mundialista la gente no se olvide de asistir a la
misa dominical. “Primero la obligación y luego la devoción” dice un
viejo refrán castellano. ¿O funciona al revés en este caso?
En
fin, los mejores deseos para la primera Copa Mundial celebrada en el
continente africano. Que Sudáfrica y toda el África emerjan de ella como
el “continente de la esperanza”, como muchos lo califican. ¡Arriba
Sudáfrica! Y que gane el mejor equipo.
Mar Muñoz-Visoso es subdirectora de prensa y medios en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos
Siga a Mar a través de Twitter: http://twitter.com/USCCBMarMunoz
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